Las personas que sufren de migraña viven bajo la amenaza constante de un ataque de migraña. La planificación a largo plazo es muy limitada para quienes la padecen, ya que deben estar preparados para estar inactivos de uno a tres días, tanto en el trabajo como en su tiempo libre. Además, una gran proporción de quienes sufren de migraña carece de información y apoyo sobre la enfermedad. Debido a esta falta de conocimiento y concienciación, los ataques de migraña representan una carga individual significativa. La imprevisibilidad de los ataques de migraña implica que, con ataques frecuentes y resistentes al tratamiento, la vida diaria se ve gravemente afectada no solo durante los ataques, sino también entre ellos, ya que existe el temor constante de que un ataque repentino descarrile los planes personales. Por lo tanto, la confianza en uno mismo, la autoestima, la calidad de vida y las actividades pueden verse afectadas no solo durante un ataque, sino también entre ellos. Además, no solo las personas afectadas se ven afectadas. El trabajo, la vida familiar y la vida social se ven afectados por las migrañas.
Elaborar planes concretos es difícil, ya que un nuevo ataque puede ocurrir en cualquier momento. La fiabilidad en las interacciones sociales es baja; la planificación conjunta a menudo es imposible. Además, el reconocimiento de la migraña como enfermedad y discapacidad es generalmente bajo en la sociedad. En consecuencia, a los pacientes se les suele etiquetar como simuladores o vagos. Como resultado, todos los ámbitos de la vida se ven afectados por las crisis de migraña, no solo durante la crisis en sí, sino también, y especialmente, entre crisis. La crisis de migraña, que constituye una discapacidad específica para la persona afectada, sin duda representa la punta del iceberg. Sin embargo, el verdadero problema, con un impacto significativamente mayor a lo largo del tiempo, reside en los periodos entre crisis.
Deja un comentario